Chomsky: "La ayuda debe ir a las organizaciones populares haitianas, no a los contratistas u ONG"
Noam Chomsky entrevistado por Keane Bhatt
KB: Recientemente usted firmó una carta a The Guardian en señal de protesta por la militarización de la ayuda de emergencia. Criticó la priorización de la seguridad y el control militar en detrimento del rescate y el socorro.

NC: Creo que hubo un énfasis excesivo durante la primera etapa con la militarización en lugar del suministro directo de socorro. No creo que haya ningún significado a largo plazo... Estados Unidos tiene una ventaja comparativa en la fuerza militar. Tiende a reaccionar ante cualquier cosa en el primer momento con la fuerza militar, ésa es su destreza. Y creo que la llevó al exceso. Había más fuerza militar de la necesaria; algunos de los médicos que estaban en Haití, incluidos los de "Partners for Health", que llevaban allí mucho tiempo, consideraron que había un cierto racismo en la creencia de que los haitianos iban a crear disturbios y debían ser controlados, etc., pero había muy pocas señales de eso, todo estaba muy tranquilo y en calma. El énfasis en la militarización probablemente demoró un poco la prestación de socorro. Coincidí con la orientación general de la petición, que señalaba que había demasiada militarización.

KB: Si la militarización extrema del auxilio no fue intencional, sino simplemente una reacción reflexiva usual de EE.UU., ¿será una casualidad que haya una enorme presencia de tropas disponibles para afrontar las crecientes protestas populares inmediatamente posteriores al terremoto? Sorprendentemente un gran grupo politizado compuesto por supervivientes se ha movilizado para exigir el retorno de Aristide, reparaciones en vez de caridad por parte de Francia, etc.

NC: Hasta el momento no me he enterado de ningún despliegue de tropas para reprimir las protestas. Podría ocurrir, pero sospecho que una preocupación más urgente es el desastre inminente de la temporada de lluvias, el cual es horrible de contemplar.

KB: En cuanto a la labor de auxilio, aparte de Partners in Health, Al-Jazeera señaló que el equipo médico cubano fue el primero que estableció servicios médicos entre los escombros y que constituye el mayor contingente de trabajadores de la salud en Haití, algo que precedió al terremoto. Si su trabajo en Pakistán [en el terremoto de 2005] es un indicador, probablemente serán los últimos en salir. Parece que Cuba tiene un historial ejemplar de ayuda extranjera, de muchos años.

NC: Bueno, los cubanos ya estaban allí antes del terremoto. Tenían varios centenares de médicos allí. Y sí, enviaron más rápidamente, organizaron los servicios médicos con mucha rapidez. Venezuela también envió ayuda rápidamente y fue también el primer y único país que canceló totalmente la deuda. Haití tenía una deuda considerable con Venezuela a través de Petrocaribe. Es muy sorprendente que no se invitase a Venezuela y Cuba a la reunión de donantes de Montreal.

En realidad el primer ministro de Haití, Bellerive, puso mucho énfasis en agradecer a tres países: República Dominicana, Cuba y Venezuela su rápido suministro de ayuda. Lo que dijo Al-Jazeera acerca de Pakistán es totalmente correcto. En aquel tremendo terremoto de hace unos años fueron realmente los cubanos los únicos que llegaron a las zonas difíciles en lo alto de las montañas, donde es muy difícil vivir. Son los que se quedaron después de que todos los demás salieran. Y nada de eso se difundió en Estados Unidos. Pero la cuestión es que, no importa lo que se piense sobre Cuba, su internacionalismo es bastante espectacular. Y la gente que ha estado trabajando en Haití por años está impresionada por la ayuda médica cubana, como se impresionaron en Pakistán, de hecho. Es una vieja historia. Quiero decir, la contribución cubana a la liberación de áfrica es abrumadora. Y se puede encontrar esta historia en el ámbito académico, pero el público no sabe nada al respecto.

KB: Sobre este punto, usted ha hablado de que "Los estados no son agentes morales, actúan por sus propios intereses. Y eso significa los intereses de las poderosas fuerzas internas". ¿Cómo se relaciona la historia ejemplar de trabajo humanitario como política del Estado cubano con ese pensamiento?

NC: Bueno, creo que ha sido una parte fundamental de la revolución cubana tener un nivel muy alto de internacionalismo. Quiero decir, estos casos que has mencionado son algunos ejemplos, pero el caso más extremo fue el de la liberación de áfrica. Tomemos el caso de Angola, por ejemplo, y existen verdaderas conexiones entre Cuba y Angola –una gran parte de la población cubana procede de Angola-. Pero Sudáfrica, con el apoyo de EE.UU., después de la caída del imperio portugués, invadió Angola y Mozambique para establecer su propio régimen títere allí. Trataba de proteger a Namibia, para mantener el apartheid, y nadie hizo mucho al respecto, pero los cubanos enviaron fuerzas, enviaron soldados negros que derrotaron a un ejército de mercenarios blancos y no sólo rescataron Angola, sino que causaron una conmoción en todo el continente –un choque psíquico- porque se consideraba que los mercenarios blancos era invencibles y un ejército negro los derrotó y los envío de vuelta a Sudáfrica. Así que dió la mano a los movimientos de liberación y además una lección a los blancos sudafricanos, para los que estaba llegando el final. No se puede pretender dominar un continente por motivos racistas. Ahora bien, no puso fin a las guerras. Los ataques de Sudáfrica en Angola y Mozambique se prolongaron hasta finales de 1980, con el fuerte apoyo de EE.UU. Y no fue ninguna broma. Según la ONU se estima que mataron a un millón y medio de personas en Angola y Mozambique, nada insignificante. Sin embargo, la intervención cubana tuvo un efecto enorme, también en otros países de áfrica. Y uno de los aspectos más llamativos de ella es que los cubanos no se atribuyeron el mérito. Querían que los movimientos nacionalistas en Africa lo asumieran. De hecho, nada de esto se conocía hasta que un investigador estadounidense, Piero Gleijeses, descubrió la evidencia en los archivos cubanos y en fuentes de áfrica y la publicó en revistas especializadas y en un libro de texto, y es una historia sumamente asombrosa, pero poco conocida y pocas personas han oído hablar de ella.

KB: Usted mencionó la cancelación de la deuda venezolana. Al mismo tiempo, el G7 se encuentra en el proceso de eliminación de la deuda bilateral. ¿Por qué es eso?

NC: Bueno, se habla de eso, sí. Los venezolanos fueron los primeros. Y simplemente cancelaron totalmente la deuda. El G7 lo rechazó. En la reunión de Montreal incluso se negaron a hablar de ello. Más adelante indicaron que se podría hacer algo. Tal vez se sintieron avergonzados por la acción de Venezuela. Pero no estoy seguro de cómo se está llevando a cabo. En lo que se refiere al Fondo Monetario Internacional (FMI), que es básicamente una rama del Departamento del Tesoro de EE.UU., se ha hablado del asunto, pero hasta ahora, al punto que me he enterado, no hay ningún acuerdo con respecto a la cancelación de la deuda.

KB: Bellerive, el Primer Ministro de Haití, agradeció a la República Dominicana, Cuba y Venezuela. Se ha elogiado a la República Dominicana por sus esfuerzos de socorro: el suministro de alimentos, materiales y atención médica, por ejemplo. Pero al mismo tiempo hay informes de la frontera de que las tropas dominicanas realizan deportaciones forzadas de miembros de las familias de los pacientes de Haití y algunas veces incluso de los mismos pacientes, en Jimaní, por ejemplo. ¿Cuál es su opinión de estos acontecimientos contradictorios que tienen lugar?, ¿y hay un contexto histórico que le gustaría agregar?

NC: Bueno, lo que hace la República Dominicana lo deciden los dominicanos, pero lo más sorprendente desde mi perspectiva es que Estados Unidos no haya traído a ningun – casi ninguno de los refugiados – ni siquiera para tratamiento médico. Y eso lo condenó duramente el decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami que pensó que era simplemente un crimen no traer a los haitianos a Miami donde hay instalaciones médicas maravillosas, mientras que en Haití tienen que operar con sierras. Y de hecho una de las primeras reacciones de EE.UU. con respecto al terremoto fue enviar a la Guardia Costera para garantizar que no hubiera ningún intento de fuga de Haití. O sea, eso es atroz. Estados Unidos es el país más rico del mundo, está justamente al lado de Haití. Debe ofrecer todos los medios posibles de ayuda a los haitianos.

Además hay un poco de contexto aquí. Quiero decir, el terremoto en Haití ha golpeado de forma diferente a las diversas clases sociales. No hizo mucho daño a la élite rica en las lomas, quedó afectada, pero no destruida. Sin embargo gran número de los barrios urbanos en los que vivían muchas personas resultaron devastados. Tal vez 200.000 personas murieron. ¿Cómo es que vivían allí? Aunque esto se remonta al sistema colonial francés del siglo pasado, vivían allí debido a las políticas de Estados Unidos.

KB: ¿Está hablando de la aniquilación forzada de la agricultura campesina en la década de 1990?

NC: Comenzó con Woodrow Wilson. Cuando Wilson invadió toda La Española, Haití y la República Dominicana; la invasión de Wilson fue muy brutal en las dos partes de la isla. Pero fue mucho peor en Haití. Y las razones son muy claras.

KB: El racismo.

NC: Sí. El Departamento de Estado dijo, bueno, los dominicanos tienen algo de sangre europea, por lo tanto no son tan malos. Pero los haitianos son puramente negros. Así que Wilson envió a los marines a disolver el Parlamento de Haití, ya que no permitía que corporaciones de EE.UU. compraran las tierras de Haití. Y les obligó a hacerlo. Bueno, esa es una de muchas atrocidades y crímenes. Siguiendo sólo con este tema, eso aceleró la destrucción de la agricultura de Haití y la huida de la gente del campo a las ciudades. Y eso continuó durante Reagan. Bajo Reagan, la USAID y el Banco Mundial pusieron en marcha programas muy explícitos, explícitamente diseñados para destruir la agricultura de Haití. No lo ocultaron. Dieron el argumento de que Haití no debería tener un sistema agrícola, sino fábricas de montaje, por ejemplo, donde las mujeres trabajan cosiendo pelotas de béisbol en condiciones miserables. Bueno, ése fue otro golpe a la agricultura de Haití, sin embargo, hasta la época de Reagan, Haití producía la mayor parte de su propio arroz cuando Clinton llegó al poder.

Cuando Clinton restauró a Aristide -- Clinton, por supuesto, apoyó a la junta militar, otra historia oculta... un fuerte apoyo, de hecho. Incluso permitió a la compañía petrolera Texaco que enviara petróleo a la junta, en violación de las directivas presidenciales; Bush padre hizo lo mismo -- , y finalmente permitió que volviera el presidente, pero a condición de que aceptara los programas de Marc Bazin, el candidato apoyado por EE.UU. a quien Aristide había derrotado en las elecciones de 1990. Y eso significaba un programa neoliberal duro, no había barreras a la importación. Eso significa que Haití tiene que importar arroz y otros productos agrícolas de EE.UU., de la agroindustria estadounidense que recibe una gran parte de sus beneficios de subsidios estatales. Así la agroindustria subsidiada de EE.UU. vertía los productos básicos a Haití. Quiero decir, los productores de arroz de Haití son eficientes, pero nadie puede competir con eso, y eso aceleró la huida a las ciudades. Y no era que no hubieran sabido que iba a suceder. USAID estaba publicando informes en 1995 diciendo que efectivamente eso destruiría la agricultura de Haití y que era una cosa buena. Y aparece la huida a las ciudades y ocurren disturbios por falta de alimentos en 2008, porque no pueden producir sus propios alimentos. Y ahora sucede esta catástrofe de clases. Después de esta historia -- es sólo una pequeña porción de ella -- Estados Unidos debe pagar restituciones masivas, no sólo contribuir con la ayuda. Y Francia también. El papel de Francia es grotesco.

KB: ¿Puedo preguntarle, con respecto a Aristide, quien languidecía en el exilio, si tuvo razón al regresar a Haití en 1994 en la forma en que lo hizo, con las tropas de EE.UU.? Además, ¿tuvo razón al aceptar, bajo una enorme presión por supuesto, las reformas neoliberales establecidas en los Acuerdos de París?

NC: Bueno, yo estaba en Haití, casi en ese momento –1993–. Estuve allí durante un tiempo que fue la cumbre del terror. He estado en muchos lugares terribles del mundo. Algunos de los peores, de hecho. Pero no creo que haya visto jamás nada como la miseria y el terror que había en Haití bajo la junta, con el apoyo de Clinton, en ese momento. Hubo mucho debate, hablé, por ejemplo, con el difunto Padre Gerard Jean-Juste, una de las figuras más populares de Haití, a quien el gobierno recientemente había expulsado, estaba escondido en una iglesia, pero amigos haitianos me llevaron a verle. Estaba muy cercano a grandes partes de la población. Hablé con los dirigentes sindicales que habían sido golpeados y torturados, pero estaban dispuestos a hablar, y con activistas y otros. Y lo que dijo la mayoría de ellos, por ejemplo el padre Jean-Juste, fue: "Mira, no quiero una invasión de marines, creo que es una mala idea". Pero por otro lado también señaló: "mi gente, la gente de los barrios pobres, La Saline, Cité Soleil, etc., simplemente no aguanta más". Me dijo: "La tortura es demasiado terrible, el terror es demasiado horrible. Aceptarán cualquier cosa que ponga fin a eso". ése era el dilema. No tengo una respuesta para eso.

KB: ¿Fue un error de Aristide argumentar en contra de los llamados (realizados por algunos de sus partidarios más militantes) a favor de la lucha armada dentro de Haití para restaurar la democracia después del golpe de Estado de 1991?

NC: En mi opinión, no. La lucha armada habría resultado en una masacre horrenda.

KB: El 17 de febrero Sarkozy fue recibido con protestas en las calles por miles de haitianos que alzaban imágenes de Aristide exigiendo su regreso y exigiendo restituciones por lo que los franceses extorsionaron a cambio de reconocer la independencia de Haití. También abuchearon a Préval y éste se retiró a su jeep. Con este sentimiento fomentado ahora en Haití, ¿ve como una prioridad el retorno de Aristide o es algo que podría ser deseable pero no tan urgente?

NC: Bueno, la respuesta a esa pregunta se va a dar en Washington. Los Estados Unidos y Francia, los dos torturadores tradicionales de Haití, en esencia secuestraron a Aristide en 2004, después de bloquear cualquier ayuda internacional al país bajo pretextos muy dudosos, razones no creíbles, que por supuesto perjudicaba mucho a esta economía frágil. Había caos, y EE.UU., Francia y Canadá llegaron, secuestraron a Aristide -- dijeron que lo rescataron, pero en realidad lo secuestraron -- lo llevaron a áfrica central, y prohibieron su partido, Fanmi Lavalas, lo que probablemente explica la muy baja participación en las recientes elecciones; y Estados Unidos ha tratado de mantener a Aristide no sólo fuera de Haití, sino de todo el hemisferio.

KB: ¿De qué manera se obliga a Aristide a que permanezca exiliado? ¿Cómo se ejecuta exactamente su condición de persona non grata en el hemisferio, y por quién? ¿Qué le impide volar a un país amigo cerca de Haití, como Venezuela, por ejemplo?

NC: Podría conseguir ir a Venezuela, pero si intentara ir a la República Dominicana, por ejemplo, no le dejarían entrar, y hay buenas razones para esto. Los asuntos internacionales son muy similares a la mafia, el pequeño tendero no ofende al Padrino. Es demasiado peligroso. Podemos fingir que es otra cosa, pero es la realidad. Había un país, Jamaica, si no recuerdo mal, que permitió a Aristide entrar a pesar de la presión y protesta grave de EE.UU. No muchos países están dispuestos a asumir el riesgo de ofender a Estados Unidos. Es una superpotencia violenta y peligrosa. No tengo que decírtelo, conoces la historia de la República Dominicana. No tengo que decirte nada acerca de eso -- es como funciona–.

KB: Utilizando, como usted ha dicho, el legado histórico de EE.UU. en la República Dominicana, ¿podemos volver a la historia dominicana reciente? Cómo esta ayuda humanitaria que se prestó en beneficio de la República Dominicana, y llenó el vacío dejado por el débil Estado de Haití, si nos remontamos a los acontecimientos que condujeron al golpe de 2004, funcionó bajo la égida de EE.UU. para desestabilizar activamente a Haití a través del entrenamiento de los rebeldes paramilitares, Guy Philippe y Louis Jodel Chamblain...

NC: Lo sé. Y proveyendo una base para ellos.

KB: ¿No es una contradicción hacer caridad con las personas a quienes en realidad se ha intentado desmantelar y desestabilizar?

NC: Bueno, se puede llamar una contradicción si se quiere, pero también es una contradicción que Sarkozy y Clinton aparecieran en Haití sin pedir perdón por los abyectos y terribles crímenes que Francia y EE.UU., en particular con Clinton, llevaron a cabo contra Haití. Pero no lo hacen. El jefe de Toyota tiene que ir al Congreso y pedir disculpas durante horas porque algunas personas perdieron la vida por los vehículos de Toyota, pero ¿Clinton tiene que ir a Haití y pedir disculpas por lo que hizo? Le asestó un golpe mortal. ¿Tiene que pedir disculpas Sarkozy porque Haití era la colonia más rica de Francia y una fuente de gran parte de la riqueza de Francia y los franceses destruyeron el país y luego le impusieron una indemnización como precio por el hecho de que Haití se liberó de Francia, algo de lo que el país nunca fue capaz de salir?

Un par de años atrás, en 2002, creo, Aristide hizo un llamamiento a Francia, a Chirac, a pagar una remuneración por la enorme deuda que Haití tuvo que pagarles a ellos...

KB: Veintiún mil millones de dólares...

NC: Sí, por esta enorme deuda que Haití tuvo que pagarles. Y organizaron una comisión encabezada por Regis Debray, un ex radical. Y la comisión dijo que Francia no tiene necesidad de dar ninguna compensación en absoluto. En otras palabras, primero les robamos, después los destruimos y luego, cuando piden un poco de ayuda, les damos patadas en la cara. No es de extrañar.

KB: Aunque al mismo tiempo hay fuentes que dicen que mientras Francia se mostró indiferente estaba realmente preocupada por un jefe de Estado que presentaba una reclamación legal con abrumadoras pruebas documentales ante el arbitraje internacional.

NC: Bueno, realmente no tenían que preocuparse, porque tal como funcionan las políticas del poder, la Corte Internacional no puede hacer nada. Mira, hay un país en el mundo ahora que se ha negado a aceptar la decisión de la Corte Internacional, Estados Unidos. ¿Alguien va a hacer algo al respecto?

KB: Usted ha hablado de Clinton, ahora enviado especial de la ONU a Haití, quien tiene la intención de atraer a los inversionistas extranjeros y sigue guiado por el enfoque en la producción de textiles con el salario mínimo para el desarrollo económico de Haití. La perspectiva del economista neoliberal Paul Collier, asesor especial de la ONU en 2009, domina la perspectiva de la ONU sobre Haití. Un partidario del crecimiento a través de la producción de textiles que también alaba la fuerza de ocupación de la MINUSTAH, muy resentida allí. Hasta declaró que la República Dominicana "no está involucrada en el tipo de actividades, como el apoyo clandestino a los grupos guerrilleros, que acosan a muchos otros estados frágiles". ¿Un auténtico humanitario como Paul Farmer –que representa un modelo de desarrollo diferente, basado en un salario justo, la salud pública, el fortalecimiento del Estado haitiano -- puede influir a la ONU como enviado especial adjunto?

NC: Es una elección difícil. No le culpo por intentarlo. Vivimos en este mundo, y no en otro que preferiríamos, a veces es necesario seguir un camino doloroso si esperamos proporcionar al menos un poco de ayuda a las personas que sufren. Al igual que el padre Jean-Juste y los marines.

KB: Usted ha hablado de cómo los medios de comunicación crearon una distinción artificial entre la "mala izquierda" y la "buena izquierda" sudamericanas, omitiendo la colaboración importante entre Brasil y Venezuela en el interés de mantener este punto de vista. Sin embargo, con respecto a Haití, ¿no ha ganado Brasil legítimamente un lugar seguro dentro de la "buena izquierda"? Un gobierno de centroizquierda del Sur ha liderado la ocupación de la MINUSTAH y se ha comprometido a incrementar su presencia, después de haber tomado el proyecto de los arquitectos imperiales del golpe de Estado (EE.UU., Francia, Canadá). ¿Qué factores contribuyeron a que Brasil apoyara tan vigorosamente a otro depuesto presidente de un país geopolíticamente poco importante, al igual que Haití en los últimos tiempos? Me refiero a Zelaya, el presidente Honduras.

NC: Buenas preguntas. No he visto nada útil en las decisiones de Brasil en estos asuntos.

KB: ¿Tiene usted algún comentario acerca de los medios de comunicación estadounidenses sobre Haití a raíz del terremoto? Como ejemplos, el "pacto con el diablo" de Pat Robertson, "la cultura resistente al progreso" de David Brooks, ruegos al capital transnacional para crear más talleres de explotación (Kirstof), Aristide de ser un déspota y un tramposo (Jon Lee Anderson). Incluso Amy Wilentz ha comparado a Aristide con Duvalier en el New York Times.

NC: Ha sido sobre todo horrible, pero no he guardado un registro. Lo peor es ignorar nuestro propio papel vergonzoso en la creación de la catástrofe y la subsiguiente negativa a reaccionar como cualquier persona decente –con reparaciones masivas, dirigidas a las organizaciones populares–. Lo mismo en el caso de Francia.

KB: Creo que mi pregunta es para el futuro: ha habido dos décadas desalentadoras, de 1990-2010 con respecto a la movilización popular para el cambio político en Haití, y la forma de proceder, creo que el pueblo haitiano ha luchado mediante la democracia parlamentaria durante 25 años y ahora tiene muy poco que mostrar, ¿cuáles son las lecciones aprendidas y las estrategias posibles ya que han agotado el proceso parlamentario, democrático? Dos golpes de Estado y miles de torturados y asesinados en este proceso.

NC: Las lecciones son, desgraciadamente, que un país débil y pequeño que se encuentra enfrentado a una superpotencia extremadamente hostil y muy violenta no avanzará mucho a menos que haya un fuerte movimiento de solidaridad dentro de la superpotencia que limite sus acciones. Con más apoyo dentro de Estados Unidos, creo que los esfuerzos de Haití podrían haber tenido éxito.

Y eso se aplica en estos momentos. Mira por ejemplo la ayuda que viene. Para que venga esa ayuda tenemos que demostrar que somos buena gente, etc. Sin embargo, la ayuda debería ir a las organizaciones populares de Haití. No a los contratistas, no a las organizaciones no gubernamentales -- a las organizaciones populares de Haití, y ellos son los que deben decidir qué hacer con ella–. Bueno, ya sabes, ese no es el programa del G7. Ellos no quieren organizaciones populares, no les gustan los movimientos populares, ni siquiera les gusta la democracia. Lo que quieren es que los ricos y poderosos dirijan las cosas. Bueno, si hubiera un fuerte movimiento de solidaridad en Estados Unidos y en el mundo, podría cambiarlo.

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